
El ruido se estremece en el interior del pensamiento.
La inocencia viaja con la mirada, la belleza llega desde la sencillez del mundo y la fragilidad de la existencia.
Al filo de la navaja. El sinsentido de la vida que se escapa. La emoción del tiempo detenido. El silencio de la muerte que se acerca inexorable.
Y la soledad se enfuerece frente al mundo.
Es, finalmente, el tedio que se infiltra en la vida atareada.